Las gargantas de agua del deshielo van vertiendo el preciado elemento a infinidad de valles y cuencas. Los inmensos pinsapos de la ruta de Talamboute y Akchour parecen desperezarse de un invierno de nieves copiosas y muestran al viento sus ramas y espigados foliolos en busca de aires cálidos...El Jbel Tiziran, el Bouhalla y el monte Tassaot obligan por fuerza a contemplar hasta donde la vista alcanza.....Intentas avanzar más con la mirada, absorber desde la retina toda la luz que el paisaje muestra.Así, pequeños rincones como la cascada de piedra de Sefiane o el desfiladero del rio Farda o la cascada del Oued Kelaá o los prados de Beni Selman, Stehat, Beni Derkoul o Fifi logran mostrar un retazo del encanto del Rif. Desde la tranquilidad y educación de los pastores nómadas bereberes rifeños hasta la majestuosidad de los cedros atlántica y los abies pinsapos marocanas